Un torero llamado El Cañavate

Publicado el 25 de enero de 2026, 20:35

Juan Manuel Toral

Madrid

21/09/2026 a las 13:54h.

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Una vida marcada por el toro, desde la arena hasta los despachos

Hay hombres cuya relación con el mundo del toro termina cuando abandonan el traje de luces. Y hay otros para los que el toreo es una forma de vida que continúa mucho después del último paseíllo.

Jesús Andrés Lucas, “El Cañavate”, pertenece a esa segunda categoría.

Su nombre taurino está unido a una tierra y a una historia familiar. Eligió el sobrenombre “El Cañavate” en recuerdo del municipio conquense donde nació su padre, también novillero y posteriormente ganadero. Una elección que terminó convirtiéndose en una identidad propia dentro del panorama taurino. Este torero también fué ganadero de bravo, veedor, apoderado y empresario taurino propietario y fundador de la marca Taurosan Eventos Taurinos especializada en revitalizar los toros en aquellos pueblos que han dejado de darlos.

Los primeros pasos

Este Matador de novillos - toros nacido en la capital madrileña en 1976 es natural del torero barrio de Embajadores. Su historia como torero comenzó en los años noventa debutando de luces, toreando becerradas alternándolo con su vida cotidiana de escolar.

El 10 de julio de 1994, en San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca), mató su primer becerro. Y lo hizo dejando una tarjeta de presentación difícil de olvidar: dos orejas y el rabo. aunque hubo una anterior presentación en 1988 en El Espìnar, Segovia con un novillo de Hermanos Quintas que estoqueó de luces no estando anunciado iendo como sobresaliente. Cortó las orejas y el rabo también. En aquella época era frecuente que la mayoría de chavales con la intención de ser toreros participasen desde muy niños en festejos económicos como se les llamaba. Es decir que aunque debutasen de luces por primera vez ya habían toreado en público de forma participativa.

Aquel primer año de su debut ya oficial como novillero actuó en tres festejos y consiguió un balance de 10 orejas y dos rabos, resultados que alimentaron una vocación que ya no dejaría de crecer. Con un tremendo éxito al cortar dos orejas en un Festival taurino con picadores en la plaza de toros de Alicante.

La temporada siguiente fue todavía más intensa.

En 1995 participó en 15 novilladas sin picadores, además de diferentes festivales, especialmente por la provincia de Cuenca y otros puntos de España. Su nombre comenzó a hacerse habitual en carteles de distintas provincias, entre ellas Madrid, Toledo, Cáceres, Alicante y Málaga, pero su bastión era la provincia de Cuenca en la que alternaba como promesa junto a verdaderas figuras del torero de varias épocas en esos míticos festivales.

El camino hacia las novilladas picadas

Los años 1996 y 1997 fueron de preparación. El rodaje fué arrollador y el ambiente creado lo posicionaron como un novillero que iba a torear. Mientras esperaba la oportunidad de dar el salto al escalafón con picadores, continuó toreando y preparándose en diferentes festejos por las provincias de Madrid, Cuenca y Toledo. La oportunidad llegó finalmente en 1998.

El 8 de agosto de 1998, Jesús Andrés Lucas “El Cañavate” debutó con picadores con novillos de José Vázquez, alternando con el rejoneador Sergio Galán y el novillero Julio Montes en la localidad conquense de Albaladejo.

Pero aquella tarde también mostró la otra cara de la profesión.

En su segundo novillo sufrió una cogida al llevarlo al caballo, en una jornada que quedó marcada tanto por el salto profesional como por el riesgo inherente al oficio.

Ocho años de novillero con picadores

Después del debut comenzó una nueva etapa. Inició su lucha con los del castoreño llegando a torear em 18 ocasiones con ellos y numerosos festivales por la provincia de Castilla La Mancha y la zona de Madrid. En su momento era la promesa que llevaba el nombre de Cuenca allí donde toreaba. Durante aproximadamente ocho años continuó participando en novilladas con picadores, recorriendo diferentes plazas y construyendo una trayectoria propia hasta su retirada de la actividad continuada en 2005.A lo largo de su carrera tuvo tres serios percances de gravedad, un novillo de Jose Vázquez le fisuro el nervio ciático en Albaladejo, Cuenca, un novillo de Jose Escolar le pego una cornada en el cuello llegando a la carótida en Navalcan, Toledo y por último un novillo de Espioja le produjo gravísimas lesiones en el sistema nervioso en Hoyo de Manzanares perdiendo el 90 por cien de la audición del oído derecho de por vida.

No quiso tomar la alternativa en España y renunció a ella en dos ocasiones. Pero retirarse de los ruedos no significó alejarse del toro. Todo lo contrario. Como torero su estilo era clásico, torero serio, arrollador en sus comienzos y buscador de esa pureza en su concepto ya con picadores. Sus triunfos no le posibilitaron el salto a las ferias y su carrera se diluyó al final de esa etapa.

Del ruedo a la gestión taurina

Después de su retirada, “El Cañavate” continuó participando ocasionalmente en festivales y acontecimientos especiales, pero además comenzó a desarrollar otras facetas dentro del planeta de los toros.

Se convirtió en empresario taurino y apoderado de toreros, trasladando su experiencia adquirida durante años en plazas y ambientes taurinos a la organización y gestión de festejos y a la carrera de otros profesionales. Es una evolución especialmente interesante porque permite contemplar su trayectoria desde diferentes perspectivas:

Primero como torero, después como hombre de campo y plaza y finalmente como profesional de la gestión taurina. Es un profesional hecho desde abajo y se las sabe todas, de la vieja escuela. Con nombre y estilo propio se ha desenvuelto en el panorama taurino desde hace 30 años.

La tauromaquia como forma de vida

La figura de El Cañavate resulta interesante precisamente por esa continuidad. No se trata únicamente de recordar a un novillero que toreó durante una determinada época.

Su historia forma parte de una generación de profesionales que vivieron el mundo del toro desde dentro y que, después de abandonar el traje de luces, continuaron aportando su conocimiento y experiencia a la fiesta. En su caso, además, existe una conexión especialmente fuerte con Cuenca y Castilla-La Mancha, territorio al que está ligado su propio nombre artístico y donde comenzó aquella historia.

Porque “El Cañavate” no es solamente un apodo, es un recuerdo familiar, es una tierra, es una identidad. Y terminó convirtiéndose en el nombre con el que Jesús Andrés Lucas escribió una parte importante de su vida taurina.

De aquel primer becerro a una vida marcada por el toreo

Desde aquel primer becerro estoqueado en San Lorenzo de la Parrilla en 1994 hasta su retirada de los ruedos en 2005 transcurrieron once años de aprendizaje, plazas, triunfos, percances y experiencias.

Después llegaría otra etapa. La del empresario, la del apoderado y la del hombre que continúa viendo el mundo del toro desde una perspectiva diferente. Porque algunos toreros dejan los ruedos. Pero no dejan el toro.

Y la historia de Jesús Andrés Lucas “El Cañavate” es precisamente la historia de uno de ellos.

Una vida entre toros.
Un nombre ligado a una tierra.
Y una trayectoria que continúa más allá del paseíllo.