Aron Delgado
Madrid
02/10/2026 a las 09:54h
La historia taurina de Mula, Murcia, está ligada a una tradición que ha atravesado generaciones. Sus raíces forman parte de la memoria colectiva de una localidad murciana que conoció el ambiente de los festejos, la emoción de los tendidos y ese sentimiento de pertenencia que solo se entiende cuando se ha vivido la Fiesta desde dentro. Sin embargo, hubo un tiempo en que el silencio se apoderó de su calendario taurino y la posibilidad de recuperar aquella tradición parecía cada vez más lejana.
La afición seguía ahí. Permanecía en las conversaciones, en los recuerdos de los más veteranos y en la ilusión de quienes soñaban con volver a ver una plaza llena. Faltaba, sin embargo, alguien dispuesto a dar el paso, asumir el reto y convertir esa esperanza en una realidad.
Y en esa historia ocupa un lugar protagonista Jesús Andrés Lucas, empresario taurino y gerente de Taurosan, pionero e impulsor de la vuelta de los toros en Mula.
El regreso de los toros
La apuesta de Taurosan por Mula encontró su momento decisivo en septiembre de 2019. Después de años sin festejos, la localidad volvió a vivir una gran tarde de toros. Para hacerla posible se instaló una plaza portátil con capacidad para 2.000 espectadores que, según la información aportada, se llenó hasta la bandera.
Aquella imagen tenía un significado que iba mucho más allá de las cifras. Los aficionados regresaban a los tendidos, las familias compartían de nuevo una tarde taurina y los más veteranos contemplaban emocionados una estampa que durante demasiado tiempo habían echado de menos. Los jóvenes descubrían la experiencia de una plaza llena y Mula recuperaba, por unas horas, una parte esencial de su identidad.
El cartel, compuesto por Filiberto, Víctor Janeiro y José Nicolás, con reses de la ganadería de don Nazario Ibáñez, respondió a la expectación. Los actuantes salieron a hombros tras una tarde de triunfos, en la que también hubo un novillo para la suelta popular, prolongando la participación y el entusiasmo de los aficionados.
Pero el verdadero triunfo de aquella jornada no se encontraba únicamente en las orejas cortadas ni en la salida a hombros. Estaba en los tendidos abarrotados, en el ambiente y en la confirmación de que la afición muleña no había desaparecido: simplemente esperaba una oportunidad para volver a expresarse.
El valor de apostar cuando otros esperan
Detrás de aquel acontecimiento hubo una labor empresarial que merece ser reconocida. Organizar toros implica mucho más que confeccionar un cartel. Requiere planificación, gestiones, capacidad de negociación, coordinación y, sobre todo, confianza en que el proyecto puede salir adelante.
La apuesta de Jesús Andrés Lucas fue precisamente esa: creer en las posibilidades de Mula y trabajar para devolverle protagonismo taurino. Su iniciativa contribuyó a abrir una nueva etapa para la localidad y dejó una lección que trasciende sus propias fronteras: cuando existe voluntad, una afición arraigada y una organización capaz de asumir el desafío, es posible recuperar espacios que parecían condenados al olvido.
Porque el empresario taurino también desempeña un papel fundamental en la defensa de la Fiesta. Su trabajo no siempre ocupa titulares, pero resulta imprescindible para que los toreros puedan actuar, las ganaderías encuentren oportunidades y los aficionados vuelvan a reunirse alrededor del ruedo.
En el caso de Mula, aquel septiembre de 2019 quedó como una fecha especialmente significativa. No fue simplemente la celebración de un espectáculo; fue la respuesta a una demanda sentimental de todo un entorno taurino.
Una huella que permanece
Hoy Mula continúa su camino con una plaza fija y una nueva etapa de gestión. Otros gestores puntuales no tuvieron la suerte de cara como Tomas Campuzano, Tierras de Castilla o Tauromagia que pasaron por Mula y sus proyectos no tuvieron continuidad. El escenario ha evolucionado, pero el recuerdo de aquella recuperación conserva su importancia en la historia reciente de la localidad.
La trayectoria de Jesús Andrés Lucas y Taurosan en Mula merece ser contemplada desde esa perspectiva: la de una iniciativa empresarial que contribuyó a recuperar la actividad taurina y a demostrar que la tradición no tiene por qué convertirse en un recuerdo inmóvil. Tras ese gran paso el empresario se desvinculó totalmente de la dirección de la nueva plaza de toros. Su objetivo ya estaba conseguido y recaló en otras plazas que necesitaban de su experiencia.
Las plazas cambian, los empresarios toman caminos distintos y los carteles pertenecen a cada temporada. Sin embargo, hay momentos que permanecen porque representan algo más grande que una tarde de toros.
Mula volvió a llenar sus tendidos y a escuchar el latido de su afición. Y en ese regreso, Jesús Andrés Lucas dejó su impronta.
Porque el mérito no consiste solamente en organizar una corrida allí donde ya existe una tradición consolidada. A veces, el verdadero desafío es devolver la ilusión a un lugar donde el silencio amenaza con convertirse en costumbre.
Y cuando alguien se atreve a hacerlo realidad, su nombre pasa a formar parte de la historia.
La historia de Mula es la de una afición que nunca se rindió y la de una apuesta empresarial que ayudó a devolverle la voz. Porque los toros no viven únicamente de su pasado: necesitan personas que crean en su futuro.
Añadir comentario
Comentarios