Albaladejo Del Cuende, el toro como parte de la memoria

Publicado el 28 de septiembre de 2026, 20:06

Aron Delgado

Madrid

23/09/2026 a las 09:54h

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Hay pueblos que tienen una plaza de toros, pueblos que celebran un festejo al año y otros en los que el toro forma parte de algo mucho más profundo: de la memoria colectiva, de las fiestas, de las reuniones familiares y de una tradición que pasa de generación en generación. Albaladejo del Cuende, en la provincia de Cuenca, pertenece a esta última categoría.

Pequeño municipio situado en el corazón de la provincia, Albaladejo del Cuende conserva una identidad profundamente vinculada a su entorno rural y a sus tradiciones. Sus fiestas grandes se celebran en torno al 5 de agosto, festividad de la Virgen de las Nieves, y los festejos taurinos ocupan desde hace décadas un lugar destacado dentro de ese calendario festivo.

A pesar de no tener Plaza de Toros fija, instalan una portátil para celebrar sus días de toros que suelen ser varios y variados, novilladas, sueltas, recortadores y espectáculos menores.

El Cañavate, el torero que mas ha toreado en Albaladejo

La tradición taurina del municipio no puede entenderse únicamente como un acto más dentro de las fiestas: para muchas generaciones de vecinos, el toro forma parte de esos días de reencuentro, de las calles llenas, de las peñas y de la propia identidad del pueblo.

Pero la relación de Albaladejo del Cuende con el toro viene de mucho más atrás. Un documento conservado por el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha, fechado en 1826, recoge un episodio relacionado directamente con una corrida de toros celebrada en la localidad. El documento relata cómo un vecino había vendido y llevado un novillo a una fiesta taurina de Albaladejo del Cuende y cómo, una vez terminado el festejo, el animal fue soltado y terminó regresando hacia otro término municipal, causando daños en los campos. Más allá de la curiosidad del episodio, aquel documento constituye un testimonio histórico de la existencia de festejos taurinos en Albaladejo del Cuende hace casi dos siglos.

La historia taurina de la localidad continuaría vinculada a sus fiestas y a la celebración de festejos populares. Con la llegada de agosto, Albaladejo del Cuende vuelve cada año a recuperar una parte esencial de su identidad. Vecinos que viven fuera regresan al pueblo, las calles se llenan y las fiestas de la Virgen de las Nieves se convierten en un punto de encuentro para familias y visitantes. Dentro de ese ambiente, el toro ocupa tradicionalmente un lugar protagonista junto a los actos religiosos, las verbenas y el resto de actividades festivas.

Esa es precisamente una de las características de los pueblos taurinos: el toro no aparece únicamente durante unas horas en una plaza, sino que se integra en la propia celebración. Las calles, las peñas, los vecinos y los aficionados forman parte de una fiesta en la que la tauromaquia se vive de una manera cercana y popular. En Albaladejo del Cuende existen además referencias a las tradicionales sueltas de reses durante las fiestas, reflejo de una forma de entender el toro profundamente arraigada en numerosos municipios de Castilla-La Mancha.

A lo largo de los años, por Albaladejo han pasado distintos profesionales y generaciones de toreros que encontraron en las pequeñas plazas de la región una parte fundamental de su camino. En los años noventa y principios de los dos mil, muchos jóvenes profesionales recorrían Castilla-La Mancha buscando oportunidades, actuando en pueblos y plazas donde cada tarde podía significar un paso más en sus carreras. Albaladejo del Cuende formó parte de aquel circuito taurino y su historia quedó también recogida en la prensa de la época.

Entre todos los toreros que han pasado por la localidad existe uno cuya relación con Albaladejo destaca especialmente: Jesús Andrés Lucas «El Cañavate». El torero conquense hizo el paseíllo en Albaladejo del Cuende en cuatro ocasiones, incluso debutó con picadores allí convirtiéndose en el torero que más veces ha toreado en la localidad. Su presencia forma parte de la memoria taurina reciente del municipio y está además documentada en las páginas de La Tribuna, donde aparecen carteles, fotografías y crónicas de aquella época.

Las páginas de la prensa conservadas de aquellos años tienen hoy un valor extraordinario. No se trata simplemente de viejos recortes, sino de documentos que permiten recuperar cómo se vivía la tauromaquia en aquellos momentos y quiénes eran los profesionales que recorrían las plazas de Castilla-La Mancha. En una de esas páginas aparece incluso el cartel de los festejos de Albaladejo, con el nombre de Jesús Andrés Lucas «El Cañavate» entre los protagonistas. También pasaron por allí notables toreros  como Sergio Martinez gran maestro de Albacete, Sergio Galán figura de los rejoneadores conquenses, Jose y Julio Montes, Chiquilin, Javier Cerrato. Años después, nuevas crónicas volverían a recoger actividad taurina relacionada con la localidad y con aquella generación de toreros.

El vínculo entre El Cañavate y Albaladejo resulta especialmente interesante porque no hablamos de una actuación aislada. Cuatro tardes significan una presencia repetida, una relación con la localidad y una parte concreta de su trayectoria como torero. Hoy, recuperar esas páginas permite reconstruir una pequeña parte de la historia taurina de Albaladejo y, al mismo tiempo, recordar una etapa de la carrera de uno de los profesionales conquenses que posteriormente continuaría ligado al mundo del toro desde otras facetas.

Y ahí es donde aparece una de las grandes riquezas de los pueblos taurinos: cada uno guarda sus propios nombres, sus propias fotografías y sus propias historias. Hay localidades que recuerdan especialmente a un determinado torero, otras a una ganadería, otras a un festejo que marcó una generación y otras a una plaza que durante décadas fue el centro de las fiestas. 

La historia taurina de un pueblo tampoco puede medirse únicamente por el número de festejos celebrados. Su verdadero valor está en la continuidad. En las familias que siguen regresando cada agosto. En los vecinos que recuerdan los carteles de hace décadas. En las fotografías guardadas en los cajones. En los programas de fiestas. En las crónicas de los periódicos. En los nombres de aquellos toreros que un día hicieron el paseíllo y quedaron para siempre ligados a la memoria de la localidad.

Albaladejo del Cuende representa precisamente esa tauromaquia que muchas veces queda lejos de los grandes titulares, pero que resulta fundamental para comprender la historia del toro en España. La tauromaquia de los pueblos, de las fiestas patronales, de las plazas pequeñas y de los festejos populares. Una tauromaquia cercana, vinculada a la vida de los municipios y transmitida de generación en generación.

Y en el caso de Albaladejo del Cuende existe además un elemento histórico especialmente significativo: mientras un documento de 1826 demuestra que ya se celebraban festejos taurinos en la localidad hace casi doscientos años, las páginas de prensa de finales del siglo XX permiten comprobar que la tradición continuaba viva y que por sus festejos seguían pasando toreros y profesionales de distintas generaciones.

Entre ellos, El Cañavate ocupa un lugar especial, no solo por su origen conquense y por la relación que mantuvo con las plazas de la provincia, sino porque con sus cuatro actuaciones en Albaladejo del Cuende se convirtió en el torero que más veces ha toreado en esta localidad. Su nombre queda así unido a la historia taurina de un pueblo que, pese a su reducido tamaño, conserva una tradición que merece ser conocida y contada.

Porque la historia de la tauromaquia española no se encuentra únicamente en las grandes plazas. También está en los pequeños municipios, en las fiestas de agosto, en las calles de los pueblos, en las ganaderías cercanas, en los carteles antiguos y en la memoria de sus vecinos. Está en lugares como Albaladejo del Cuende, donde el toro lleva formando parte de la celebración desde hace generaciones.

Y quizá esa sea la verdadera esencia de un pueblo taurino: no necesitar grandes nombres para demostrar su afición, porque la tradición está escrita en su historia, en sus fiestas y en la memoria de quienes la han vivido.

Albaladejo del Cuende es uno de esos rincones de Cuenca donde el toro no es simplemente un espectáculo. Es parte de la memoria del pueblo.