Juan Manuel Toral
Albacete
21/09/2026 a las 13:54h.
Hay toreros cuya trayectoria se mide por el número de tardes, por las estadísticas o por las puertas grandes, y hay otros cuya carrera se mide de una manera diferente: por la capacidad de levantarse cada vez que la vida y el toro les ponen a prueba. Javier Cortés pertenece a esa segunda estirpe, la de los toreros que han tenido que luchar contra el olvido, contra las circunstancias, contra las cornadas y contra una profesión que nunca regala nada, pero que, a pesar de todo, jamás han renunciado a su sueño. Nacido en Madrid el 10 de abril de 1989 y considerado torero de Getafe, Javier Cortés se formó en la Escuela Taurina Marcial Lalanda de Madrid y desde sus primeros pasos dejó entrever unas condiciones marcadas por el clasicismo, el valor y una manera seria de entender el toreo. Su carrera como novillero no fue sencilla, pero precisamente en aquellas primeras etapas comenzó a forjarse el carácter que posteriormente definiría su trayectoria. Debutó con picadores en Getafe en 2007 y al año siguiente se presentó en Las Ventas, donde se proclamó triunfador del Certamen de Novilladas Nocturnas de Madrid, un reconocimiento que confirmaba que aquel joven madrileño tenía argumentos para mirar hacia lo más alto.
El salto definitivo llegó el 21 de febrero de 2010, cuando tomó la alternativa en el Palacio Vistalegre de Madrid de manos de Rubén Pinar, con Miguel Tendero como testigo y toros de Zalduendo. Apenas unos meses después, el 8 de mayo, confirmó su alternativa en Las Ventas, apadrinado por Uceda Leal y con El Capea como testigo, entrando así de lleno en una plaza que terminaría siendo una de las grandes referencias de su carrera. Pero el camino del matador de toros estuvo lejos de ser fácil. Después de sus primeros años de alternativa llegaron temporadas especialmente duras en las que prácticamente desapareció de los carteles. Él mismo explicó que entre 2013 y 2015 llegó a pasar tres años sin torear ni siquiera una becerra en el campo, mientras continuaba entrenando y manteniendo viva una vocación que parecía empeñada en no desaparecer. Para sobrevivir tuvo que trabajar en diferentes oficios, desde recoger fruta y repartir publicidad hasta ejercer de camarero y, especialmente, de cocinero. Cuando muchos podrían haber dado por terminada su historia, Javier Cortés siguió esperando su oportunidad.
La oportunidad llegó de nuevo y Madrid volvió a convertirse en escenario fundamental de su carrera. En 2017, dentro de un desafío ganadero ante toros de Palha y Hoyo de la Gitana, Cortés reapareció en Las Ventas y volvió a demostrar que aquel torero que había quedado apartado de los grandes carteles seguía teniendo dentro una enorme capacidad de entrega. La temporada siguiente fue especialmente importante, con varias comparecencias en la capital y actuaciones ante ganaderías exigentes. El 2 de mayo de 2018 cortó una oreja en Las Ventas, aunque resultó herido por su segundo toro, y posteriormente volvió a ser cogido el 7 de junio. Aquellas tardes terminaron de construir la imagen de un torero que, aun sin contar siempre con las oportunidades que merecía, estaba dispuesto a enfrentarse a lo que hiciera falta.
Pero la tarde que marcaría para siempre su vida llegaría el 15 de septiembre de 2019. En una corrida concurso de ganaderías celebrada en Las Ventas, un toro de Marqués de Albaserrada lo prendió de manera brutal y le provocó una gravísima cornada en el ojo derecho. Aquella lesión puso en peligro incluso su continuidad profesional y afectó seriamente a una visión que ya había sufrido anteriormente un desprendimiento de retina. Fueron meses de operaciones, dolor, incertidumbre y recuperación, pero también de una lucha interior que volvió a demostrar hasta qué punto Javier Cortés estaba hecho para el toro. Él mismo llegó a reconocer que había tenido suerte porque, de haber alcanzado el pitón el otro ojo, el bueno, posiblemente habría tenido que abandonar el toreo.
Y volvió. Porque esa es probablemente la palabra que mejor resume su carrera: volver. Volver después del silencio, volver después del paro, volver después de las cornadas y volver cuando muchos pensaban que ya no sería posible. Su regreso estuvo marcado por la misma sinceridad que había mostrado siempre delante del toro, sin esconder las dificultades ni renunciar a su manera clásica de interpretar la profesión. Las Ventas volvió a reconocer su entrega y el 10 de mayo de 2022 protagonizó una notable actuación ante un toro de El Pilar, al que cortó una oreja después de una faena cargada de valor y entrega. Dos años después, el 2 de mayo de 2024, volvió a hacer el paseíllo en Madrid, una nueva prueba de esa relación especial que mantiene con la plaza.
Javier Cortés no ha construido su carrera desde la comodidad ni desde la abundancia de contratos. La ha construido desde la resistencia, la dignidad y la vocación. Su toreo responde a una concepción clásica, sobria y sincera, basada en el valor y en la voluntad de hacer las cosas con pureza. Esa personalidad le ha llevado a afrontar en numerosas ocasiones corridas y toros que otros podían considerar incómodos, demostrando que su compromiso con la profesión está por encima de cualquier circunstancia. En 2026, esa capacidad de levantarse una vez más le llevó a afrontar la Copa Chenel, decidido a regresar a los grandes carteles y continuar persiguiendo el sueño que ha guiado toda su vida: convertirse en un torero importante y dejar una huella propia en la historia de la Fiesta. La propia organización del certamen ha definido su trayectoria como una carrera marcada por la superación, el clasicismo y el triunfo en plazas de primera.
Javier Cortés representa, en definitiva, una de esas historias que explican por qué el toreo es mucho más que una profesión. Es sacrificio, incertidumbre, miedo, ilusión, fracaso, esperanza y, sobre todo, una capacidad casi inexplicable para levantarse y volver a vestirse de luces. Ha conocido el triunfo y el olvido, la ovación y el silencio, la oportunidad y la ausencia de contratos, pero nunca ha dejado de sentirse torero. Su historia está escrita en las plazas, pero también fuera de ellas, en los años de trabajo mientras esperaba una oportunidad, en las horas de entrenamiento cuando nadie llamaba a su puerta y en cada regreso después de una cornada. Javier Cortés es el ejemplo de que algunas carreras no necesitan estar llenas de tardes para ser grandes; necesitan estar llenas de verdad. Y la suya lo está. Porque mientras haya un ruedo, un toro y un torero dispuesto a volver a ponerse delante, la historia de Javier Cortés seguirá escribiéndose.